Más Grande que el Trueno Parte I

Shadowville, una ciudad impresionante en sus inicios, se veía como un lugar próspero. Recuerdo cuando vi algunos folletos pidiendo voluntarios para esta nueva ciudad, sentí que era mi oportunidad de salir de donde estaba, comenzar una nueva vida. Ni bien termine mis estudios y recibí mis papeles me marché, no sabía qué era lo que me esperaba en Union City, pero eso no importaba, ya no quería seguir viviendo en un país sumido en la desigualdad y la corrupción. 

Llegué al segundo año de haberse fundado Unión City, vine con mi hermana, ella se había ganado una beca para ser una de las primeras alumnas en la Universidad de Unión City, ¿cómo te podrían dar una beca para ir a un lugar que puedes ir voluntariamente?, en fin, no tenía muchas expectativas. Unión City se divide en cinco secciones, Norte, Sur, Este, Oeste y Centro. En el Norte se ubicaban todos aquellos que provenían de Europa Occidental, en el Sur se encontraban gente de África y Medio Oriente, en el Este todos los países de Europa Oriental, Asia y Oceanía, en el Oeste se encontraba todos aquellos provenientes de América. Nos colocaron así para que nos sintiéramos cómodos hablando con gente del mismo idioma, después de que el 90% de la población dominara el inglés (este idioma lo escogieron por su fácil aprendizaje) como idioma oficial de la ciudad, después de eso podías mudarte a cualquiera de las siguientes secciones. El centro de la ciudad era un punto neutro, aquí se encontraba los edificios importantes, como el Ayuntamiento, el Parlamento, etcétera, etcétera, la cuna de la burocracia. 

Fuimos ubicados en la sección Oeste, las oportunidades de conseguir por el momento un buen empleo era muy escasas, pero la vivienda era gratis, no esperábamos una casa o algo por el estilo, pero al ser mi hermana unas de las becadas nos dieron un departamento bastante amplio o eso nos hicieron creer, realmente todos los edificios de casa habitación que había en esta parte de la ciudad eran iguales, al menos te hacen sentir especial. Al día siguiente fuimos al centro, convenientemente hoy tenía que ir mi hermana a su primer día en la universidad, la deje ahí y me dirigí directamente a la oficina de empleo para conseguir un trabajo, ya que de la beca no se podía vivir y un dinero extra nunca viene mal, por el momento conseguir un buen trabajo requería del dominio de un idioma extra y de un título universitario avalado internacionalmente. Al final obtuve un puesto de profesor en una Academia de la sección Oeste. La vida en Unión City era de lo más normal, iba a trabajar, hacia las compras, iba por mi hermana, veía televisión y ella hacia su tarea, excepto los fines de semana, era obligatorio ir a una Academia por dos horas, esto era para aprender el idioma y acerca de la Constitución de Unión City, la vida era realmente pacífica. 

Aburrido de la rutina decidí optar por aprender algo nuevo, algo raro, algo sobrenatural, al fin y al cabo, la cultura de donde provengo es una de las más exquisitas por así decirlo por el misticismo que la rodeaba, por sus grandes rituales, bellos monumentos, por su mitología y su rica historia… al final solo encontré a una chica de la sección Este que daba clases de esperanto, se me hizo curioso el nombre y me apunté a una de sus clases. Los viajes entre secciones eran cortos, el metro de la ciudad fue diseñado por Japón y relativamente solo tardabas cinco minutos en llegar a cada sección, es el mejor medio de transporte, solo hay un inconveniente, tener que soportar el mar de gente que se hace a la hora pico, en fin, llegue a la dirección indicada, era una de las tantas Academias que hay por la ciudad, entre al edificio y después al aula, al parecer llegue muy temprano porque no había absolutamente nadie, agarre un pupitre y me senté a esperar, a los cinco minutos llego una mujer joven, toda exaltada, con el cabello alborotado, sin aliento, como si hubiese corrido un maratón. 

— Disculpa la tardanza. — dijo ella mientras intentaba recuperar el aliento o su espíritu. — Había un tráfico horrible y no había estacionamiento, tuve que correr cuatro cuadras para llegar hasta acá. 

— No hay problema, no tiene mucho que llegue. 

— ¿Eres el único que viene a tomar la clase hoy? 

— No lo sé, ¿quedaron en venir mas? 

— Tampoco lo sé. 

— Por cierto, ¿Quién eres? 

— ¡Ah! disculpa, me llamo Tenshi Aiko y soy la profesora de esperanto y tú, ¿Cómo te llamas? 

— Me llamo Jack Santana. 

— ¿Santana? ¿Vienes dela sección Oeste? 

— Así es, eso es raro por aquí. 

— ¡Eh! no, no es raro, por la cuestión del idioma casi no se ve gente de otras secciones por aquí. 

—  Bueno, ya tengo tiempo en la ciudad y las clases impartidas en la Academia han dado sus frutos con el idioma. 

— Excelente, entonces, vamos a esperar a los demás. 

— Está bien, usted es la profesora. 

Paso más de una hora, y nadie llego…

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